METODOS O TÉCNICAS DE LA MEDICINA POPULAR:  FITOTERAPIA


La medicina popular ó folklórica de la puna argentina, al igual que toda medicina de extracción pre-científica, define sus argumentos en una concepción mágica de la vida y la muerte. Su sistema y farmacopea se vincula con aquella medicina de igual presupuesto conceptual, que ocupa la amplia región de los Andes meridionales, las yungas de Perú y Bolivia, donde aún tienen lugar prácticas médicas heredadas del imperio incaico ó más antiguas culturas. Justamente la expansión del incario hasta nuestra área de estudio contribuyó a difundir sus virtudes: en Antofagasta está el Pucara La Alumbrera, asiento de una población inca. Además en toda la zona hay señales, signos de culturas anteriores.

A pesar del tiempo transcurrido y de la oposición generada en su contra, sigue vigente. Incluso su influencia llega a los grandes centros urbanos a consecuencia de las migraciones de población desde el noroeste argentina e incluso de países limítrofes, donde su realidad es más destacada aún.

La medicina folklórica parte de presupuestos ideológicos en los que las cifras y los índices carecen de significación. En los valores conceptuales de su sistema no vale el número de enfermedades, valen las causas mágicas que producen las enfermedades. No vale tampoco el número de muertos, vale la muerte por el significado trascendente que ella adquiere en la cosmovisión de los pueblos andinos.

El médico brasileño Armando Piovesan (1959), respecto a la medicina folklórica de su país, afirma ”en principio debemos reconocer que los conceptos y prácticas de la medicina popular han recibido la prueba del tiempo, a despecho mismo de los ataques de los médicos y demás profesionales, éste es un argumento respetable e indica que la medicina folk no es un conjunto bizarro de creencias y supersticiones, sino, sobre todo, un cuerpo consistente de conocimientos de gran vitalidad y bien integrados”.

La cultura puneña es sacralizada, las fuerzas espirituales pueblan el mundo cotidiano y le otorgan finalidad a todos los actos de su vida al contrario de la cultura urbana, desacralizada, que confía en sus propias fuerzas, siendo la omnipotencia  la diferencia esencial. Así el duelo de la muerte es asumido plenamente por la comunidad folk, el complejo ritual fúnebre y los ricos matices de la ceremonia (ver lavatorio) aunque cada vez más sintetizadas en la manifestación de sus formas, sirve para ir tomando conciencia de cuál es el camino que sigue no el cuerpo sino el alma, que regresa el día de las ofrendas, para compartir el mundo de los vivos.

Otro rasgo muy importante, es que nuestra cultura ha perdido vitales motivaciones que hacen a la esencia de la naturaleza humana, pero que se conservan con plenitud las comunidades etnográficas: la enfermedad de un individuo de este medio es una realidad que asume todo el grupo social, por el contrario en las culturas urbanas es un hecho que se circunscribe al grupo más próximo y algunas enfermedades ( cáncer, sida, mentales, etc) son vividas como vergonzantes y se tratan de ocultar.

Resulta como consecuencia, que en lo urbano, se rehúse considerar la realidad e la muerte y evitar las expresiones de solidaridad.

La medicina puneña reproduce con mayor claridad que en otros lugares el noroeste, todos sus antecedentes prehispánico, debido al aislamiento geográfico y cultural en el que se encuentra su población. Esto permite que algunos elementos, sobre todo de su farmacopea, subsistan con sorprendente vigor desde un pasado remoto, como ocurre con el hilo zurdo ó lloq’e, cuya confección consiste en hilarlo al revés de lo que usualmente se hace con los hilos usados en tejidos corrientes. Esta práctica forma parte de un capítulo del ritual mágico universal que consiste en operar las cosas al revés de lo que se hace habitualmente, para obtener el resultado deseado por medio de un recurso dotado de sobrenaturalidad.

Una de las creencias más arraigadas en estas comunidades indica:

Cuando hay una urgente necesidad de que una cosa se realice se la pide en forma vocativa y al revés de lo que se desea exclamando: ¡ alma de porfía! Hazme tal cosa! Es el alma de uno, de la que se dice que hacía todo lo que le decían que no haga.”

Es aceptado que el hilo zurdo protege de los males ( ver corpachada, señalada, etc.), en Perú se usa el mismo hilo para tejer los bordes de los vestidos invocando su protección.

La medicina tradicional andina, responde a complejos sistemas que han sido analizados por los especialistas: doctrina del cuerpo extraño, teoría de las emanaciones, concepto topográfico de enfermedad (topografía del dolor y síntoma más saliente) – Ramón Pardal “Medicina aborigen americana”-,  ó el concepto de aire, el que participa en las etiologías, síndromes y terapéuticas – Michael Kearny “Los conceptos de aire y susto en América indígena”-, ó la clasificación de medicina supersticiosa en un sincretismo con imágenes católicas. José Marroquín en su “Medicina aborigen puneña” afirma que “es la tierra, Pacha ó Allpa, la que mayormente preocupa y domina la vida del aborigen, ella agarra el alma de los que enferman, devora a los que mueren, es divinidad que premia ó castiga cuando se le ha pagado ó se la ha olvidado...”

Todas las divisiones con que se intente sistematizar la medicina folklórica, de una u otra manera pretende racionalizar conceptos que responden a formas lógicas de pensamientos, que no guardan correspondencia con los sistemas de base científica de donde proceden sus estudios – Néstor Palma-

Una terapéutica relevada en Antofagasta de la Sierra, que resume lo anteriormente expuesto es la “Cura del susto”: Los síntomas son fiebre y sobresaltos nocturnos. Se hace al atardecer, tiene que haber silencio, el médico campesino lleva al enfermo en brazos al exterior, se toma una prenda interior y con ella haciendo tres veces círculos en la tierra se lo llama “Carlitos... vení”, llamando al alma, se chupa la frente tres veces y se escupe. Luego ingresan, lo visten con la prenda y se lo sahuma con una mezcla de lana negra de cordero, copa-copa, yerba y azúcar y se le da un té hecho con romero, copal y alucema. Se lo deja dormir.

La curación depende de la causa del susto, si fue el agua hay que llevar un vaso con leche de madre y echarlo al río, llamando al alma para recuperar el espíritu.

El médico campesino o curandero tiene una importancia fundamental en estos lugares aislados, donde es imposible la asistencia inmediata de un facultativo. Esto lo subscribe el doctor José Zelaya Soruco (boliviano nacionalizado argentino) director de la posta sanitaria de Villavil, cuya área de influencia es extensísima, con rutas transitables sólo a caballo: - “Gracias a la medicina folklórica la gente vive, es una medicina preventiva”. Él acepta las terapéuticas en base a hierbas de los curanderos, como una forma de respetar su cultura y aprovecharla para la prevención. Hace “juntas médicas” intercambiando información. Nos informa que en la zona las patologías más comunes son: artítris reumatoidea, fiebre reumática, todas aquellas referidas a las articulaciones “coyunturas” como dice la gente. Estos problemas son causados por el desplazamiento cotidiano en laderas de mucha pendiente y en terrenos escabrosos.

Respecto a los partos afirma que son protegidos por Dios: “Se hacen donde me toque, no hay esterilización, las sábanas no existen, son cueros y cueros que van cambiándose, no hay hemorragia post-parto, no hay antitetánica ni BCG, uno saca los chicos como sea”. Nos contó que en los lugares más alejados, a más de 4.000 mts de altura las mujeres se atienden solas, “son valientes, duras” y relató un caso donde la parturienta usó cuerdas para atarse a un poste y así apurar el parto. En estas zonas, las mujeres suelen tener más de diez hijos. “Aquí se habla de que los chicos se regalan y los perros se compran”.

Respecto a la fitoterapia afirma: “ para poder sacar el paciente a flote a menudo se mezclan estos yuyos con los medicamentos, ya que dadas las condiciones de la zona, no se cuenta con los remedios en existencia”.

Una frase de la zona: los yuyos con más olor, son los mejores!

A continuación una reseña de las hierbas “yuyos” usados en la fitoterapia, relevadas en Villavil:

 

ARCA-YUYO: Es una umbelífera, hierba aromática de los cerros de altura, digestiva y depurativa.

 

AJENJO DE LA PUNA: Estimulante hepático.

 

COPA-COPA: Colerético, induce la producción de bilis y estimulante del apetito.

 

BOLDO : Para afecciones hepáticas, cólicos, cirrosis, deposiciones amarillas por estancamiento biliar, cálculos vesiculares. También para  afecciones reumáticas, excitabilidad nerviosa, espasmos de la musculatura lisa y dolores de tipo reumático.

COCA: Erythroxylon Coca Lamarck: Analgésico y eufórico. Estimulante. Provoca hipersensibilidad. Alto valor proteico en calcio, hidratos de carbono, fósforo, fibras, hierro, vitaminas A, B2, E y B6. El agregado de bicarbonato ó llicta en el acullico concentra su sabor.

FLOR DE PIEDRA: cardiotónico. El médico campesino mezcla las siete variedades existentes para elaborar sus remedios.

MUÑA-MUÑA: Es una labiata Xenopoma eugenoides. Llamada poleo pishpita ó poleo de hoja pequeña, por su parecido. Toman las mujeres con problemas de fertilidad. Le adjudican calidad de afrodisíaco masculino.

CHACHACOMA : Senecio criophyfon. Crece sólo en la alta montaña. Digestivo.

VIRA-VIRA: expectorante, para la tos convulsa.

También quemadilla, se hace un té con azúcar quemada ó vaporización.

RICA-RICA: digestivo, para acompañar el “mate cebado”.

 

CEDRON : Tranquilizante, se toma en infusión para afecciones del estómago, sobre todo las de origen nervioso.

Otras hierbas relevadas en El Peñón en entrevista a la Sra. Cayetana Salva de Quipildor:

CADILLO : Gramínea. Cinchurus myosuroides. Para el dolor de riñón, se usa sólo las raíces en infusión.

YARETA: diareta entre los españoles, y timiche entre los aymara. Manche verde que crece en las tierras frías, muy dura. Infusión muy buena para la tos convulsa. Leña puneña.

ESPINILLO :Depurativo antirreumático. Infusión de 20 gr en 1 litro de agua. Se usa en gárgaras en todas las afecciones de garganta, disfonías y ronqueras. También en quemaduras.

PUPUSA : Loranthus verticillatus. Regulador de presión arterial. Excelente para el apunamiento.

En Laguna Blanca fuimos informados de:

Paico: chenopodium anthelminticum. Propiedades estimulantes carminativas

(expulsión de gases) y vermífugas (antiparasitaria). Cura empachos.

Borraja del campo: propiedades emolientes, sudoríficas y pectorales; se emplea sola ó acompañada de otras yerbas para casos de tos, catarro, resfríos, etc. En el sarampión es muy bueno como única bebida caliente pues favorece la salida de erupción y evita complicaciones bronco.pulmonares. Se toma en infusión.

Baila buena: para el hígado y dolores de estómago.

Las propiedades en general de las hierbas de alta montaña, pueden resumirse en: antiespasmódicas, astringentes, colagogos, depurativos, diaforéticos, diuréticos, emolientes, estimulantes, expectorantes, laxantes, sedantes, vermífugos, vulnerarios, alucinógenos, etc., etc.

La farmacopea que regala la Pachamama a los pueblos andinos es vastísima, pareciera que sabe la realidad de su gente.